Pursuit, tercera joya de la corona de Azamara

La marca más lujosa de Royal Caribbean Cruises ha incorporado un buque gemelo al Journey y el Quest con algunas pequeñas diferencias estéticas y funcionales.

Reportaje perteneciente a la revista CruisesNews 47 – Diciembre 2018

Llamado a ampliar la oferta de rutas donde priman las inmersiones generosas en las escalas y la experiencia de un servicio de altura, supone ampliar un 50% las plazas de una naviera que suele llenar en todos sus itinerarios. El Pursuit, además, cuenta con el plus de tener al mando un capitán español.

Sin ruido y sin demasiado despliegue comercial, Azamara se ha revelado desde sus inicios como una marca del gigante Royal Caribbean Cruises Ltd. con nervio propio.
El boca a oreja de sus viajeros, convertidos en prescriptores, llenaba la mayoría de sus salidas con meses de antelación de un público muy fiel y adicto a algunas de las características de la pequeña naviera de lujo. Pero con solo dos barcos, el Quest y el Journey, cada uno para hasta 702 pasajeros y 400 tripulantes, el crecimiento y la voluntad de ampliar horizontes hicieron indispensable un nuevo fichaje, siguiendo al pie del cañón las premisas de sus hermanos de flota.

El nuevo buque mantiene el estilo del interiorismo con el que fueron revitalizados sus dos hermanos de flota.

En otoño del 2017 Azamara anunció la incorporación de un nuevo barco boutique, que se bautizaría como Pursuit, por la misma vía que sus antecesores. Se adquirió de nuevo un ex Renaissance, en este caso el R-8 (Saint Nazaire, 2001), que tras un par de años con esta compañía vivió nuevas vidas como Minerva II, Royal Princess y Adonia. En el último periodo,en el 2016 incluso marcó el hito de ser el primer buque de una naviera estadounidense (entonces dentro de un programa de viajes con inmersión social de Carnival Corporation) con destino a Cuba. Finalmente, el pasado marzo fue oficialmente entregado a Azamara, que durante unos meses lo reinventó con los criterios estéticos de sus anteriores gemelos, que ya habían sido renovados en los últimos años. Como destacó Larry Pimentel, su presidente y CEO, la adquisición permitía “ampliar la flota en un 50% y visitar más regiones del mundo”.


En los astilleros irlandeses de Harland and Wolff el flamante Pursuit se acondicionó para una nueva vida como crucero boutique y la ventaja de saber que el interiorismo del Journey y el Quest renovados, con tonos más claros y luminosos, había dado en la diana sin perder esa sensación de nobleza que aplauden los incondicionales de la naviera. Comparten golosas medidas: 30.277 toneladas, casi 180,5 metros de eslora y casi 25,5 de manga. Unas dimensiones que lo avalan para moverse como pez en el agua en puertos poco concurridos, sin padecer los déficits que pueden tener buques más pequeños en rutas largas. A la vez es posible un trato relativamente personalizado y la sensación permanente de confort y espacio a bordo.

Con 30.277 toneladas, ofrece unas dimensiones idóneas para ofrecer un servicio muy personal y recalar en puertos poco masificados.

Precisamente, reformular algunos espacios ha marcado la diferencia entre este barco y los anteriores. ¿A alguien se le hubiera ocurrido hace unos años un nuevo crucero sin casino? La idea parece arriesgada –es una de las grandes vías de ingresos de muchas navieras, que incluso invitan a sus travesías a pasajeros que se han revelado como grandes clientes de sus casinos-, pero en el Pursuit este espacio de juego y apuestas ha desaparecido para dar paso a espacios más “necesarios” para su funcionalidad, defienden. El argumento principal es que los barcos de Azamara tienen escalas tan largas (y overnights) que en un barco de su volumen supone un desperdicio contar con un casino que permanece la mayor parte del tiempo cerrado, pudiendo destinar este espacio central a otros usos más aprovechados. “El 70% del tiempo está en destino, especialmente en rutas mediterráneas y sin grandes distancias”, reflexiona Artur Pecharromán, Embajador de la marca Celebrity Cruises y Azamara Club Cruises en la Eurozona, mientras muestra a Cruises News todas las particularidades de su nueva joya de la corona.

En el área central de ese puente, el 5, se conforma en lugar del casino una zona lounge abierta, The Den, destinada a profundizar en las experiencias de inmersión viajera. Conviven la zona de excursiones (muy personalizada) y de reservas de futuros cruceros, junto un piano bar, tiendas (moda y joyería, como Indulgences), espacio de fotografía. Hacia la popa confluyen el Mosaic Café, agradable punto de encuentro con snacks y cafés, y el Discoveries Restaurant o restaurante principal, de cocina continental donde se sirven desde desayunos a cenas, sin cargo. Cabe destacar, como en sus otros buques, el acierto que supone situar una pequeña barra (Discoveries Bar) a la entrada del comedor, de forma que el pasajero puede quedar con otros acompañantes con los que vaya a compartir mesa o tomar una copa previa a los ágapes en un ambiente muy relajado. Se agradece que no haya turnos sino horarios abiertos, y se consolida la creciente desaparición de las noches de gala.

Animación sin excesos
Al otro extremo, en la proa, se ubica el Cabaret Lounge, que no puede considerarse un teatro al uso por su menor formato, pero que acoge los principales espectáculos de música, baile y actuaciones a bordo. El entretenimiento, no obstante, no es ni la prioridad ni un pilar para los viajeros fieles de la marca.
Recepción y conserjería se sitúan en mitad del puente 4, en buena medida destinado a camarotes sin balcón. Es una zona agradable para realizar cualquier trámite o consulta con agilidad.

La seña de identidad de Azamara son las inmersiones a fondo en los destinos, con escalas largas y haciendo noche en algunos puertos.

La vida común a bordo fluye también en los puentes 9 y 10. En este primero se halla el ‘santuario’ de quienes sucumben al relax, bienestar y salud en sus travesías. En la proa, The Sanctum aglutina un elegante spa, un salón de belleza, un gimnasio bastante funcional y un cotizado solárium de acceso restringido para pasajeros de las suites o bien con suplemento. En el corazón de este nivel se sitúa la piscina, rodeada de cómodas tumbonas preparadas con sus correspondientes toallas para comodidad del viajero, rematada por jacuzzis elevados y coronada por un Pool Bar que viene a ser el pequeño paraíso del crucerista en los días soleados. Esta zona se convierte en epicentro neurálgico en las noches especiales o celebraciones cuando el tiempo lo permite, como la White Party en la que los huéspedes lucen de blanco y se despliega un fantástico bufet para cenar. En un rincón, se ubica la zona de fumadores.


También a la fresca queda The Patio, uno de los cinco restaurantes, que de día funciona como el grill de la zona de piscina, informal y siempre concurrido para tomar una buena hamburguesa o brochetas de carnes, y de noche se ilumina con velas y permite una experiencia más íntima pero al aire libre. Lo culmina el Swirl & Top, para sucumbir a una extensa gama de yogures naturales y helados con inacabables opciones de toppings.
Al otro extremo, reina el Windows Cafe o bufet, en horas de desayuno, comida, té y cenas (hasta las 21.00 horas), donde hallar una cocina continental y excelentemente presentada, perfecta para quienes quieren vestir de forma casual todo el tiempo durante sus vacaciones. Justo en esta zona se observa otra de las grandes diferencias del Pursuit, que en la terraza Sunset Veranda de popa (idónealicia para desayunar o comer al aire libre los productos del bufet) se ha prescindido de la barra presente en el resto de la flota, ganando espacio para más mesas y sillas.

Usos polivalentes
Un nivel por encima encontramos The Living Room, un espacio polivalente que funciona a la perfección como bar con mirador, zona de juegos o reuniones, karaoke nocturno, música en vivo, discoteca, sesiones de tributos a bandas, teatro-cabaret… además de tener un acuerdo exclusivo con el sello Studio 54 para shows de pequeño formato. En esa versatilidad, para muchos pasajeros se convierte en el marco perfecto para leer y relajarse durante el día, contemplando el mar.

La zona de la piscina se convierte en escenario de ‘white parties’ con buffets al aire libre.

A continuación se sitúan un rincón para jugar al pingpong y un pequeño circuito de jogging, que funciona también como mirador hacia la piscina del puente inferior. Ya bajo techo, merece la pena destacar otro de los enclaves más coquetos del Pursuit, The Drawning Room, una biblioteca decorada con maderas nobles que se utiliza en paralelo para realizar presentaciones o charlas temáticas, así como eventos privados.

Llegando ya a popa, se sitúan encarados –a babor y estribor- los restaurantes temáticos Aqualina y Prime C, ambos de estilo elegante y con buenas vistas al oceano, combinando tonos piedra y maderas oscuras, y con horario solo de cenas de las 18.00 hasta las 21.30 horas, por un suplemento de 30 dólares del que están eximidos los pasajeros de las suites. Sin llegar a ser formal, no se permite la entrada con jeans ni shorts. En el primero se impone el recetario mediterráneo, con una notable carta de pescados y una ambientación más romántica. El Prime C, como no podía faltar, es un steakhouse de primer nivel, algo más sobrio y masculino rodeado de grandes ventanales panorámicos, indispensable para los carnívoros.

La gran mayoría de sus camarotes son exteriores, camas queen size, albornoces, zapatillas y servicio las 24 horas.

El abanico gastronómico se completa con servicio de room service las 24 horas y la opción a la inmersión gastronómica La Chef’s Table, que por 95 dólares ofrece menús de seis platos en versiones francesa, italiana y americana, donde un oficial o conferenciante invitado ejerce de anfitrión en un ambiente muy exclusivo y con un sommelier redondeando la experiencia.
Como corresponde a su categoría, los cruceros de Azamara incluyen las propinas y bebidas (no Premium) a bordo, con una selección de vinos de la casa de marcada identidad estadounidense. Si uno desea elevar el listón de los vinos, debe adquirir botellas a la carta.
En el ámbito del alojamiento, el viajero tiene opciones para muy distintos presupuestos, desde camarotes interiores (solo 26) para quienes priman la actividad fuera de su habitación, hasta super suites de altos vuelos. La Club World Owner’s suite, por ejemplo, es una auténtica maravilla de 56 metros cuadrados más 21 metros de terraza, donde además de las máximas comodidades, destaca su baño de mármol y un interiorismo que versiona el estilo clásico dotándolo de calidez, en tonos naturales y en sintonía con el azul horizonte. El resto de opciones, hasta llegar a un total de 351 camarotes, tienen vistas al mar o balcón y oscilan alrededor de los 16 metros cuadrados de estancia (terraza aparte). Por supuesto, con puertos USB bajo las lámparas, albornoces y zapatillas, camas queen size…, con servicio las 24 horas. 

Como en casa
En general, puede decirse que el Pursuit es un barco de buenas sensaciones, que invita a sentirse en poco tiempo como en casa. Ni demasiado vanguardista (como algunos buques de nueva generación), ni demasiado austero (como otras naves con historia que pueden pecar de anticuadas o poco luminosas), sino equilibrado en su capacidad de resultar cálido pero distinguido. Es difícil encontrar un rincón donde este efecto no se haya conseguido. Posiblemente, no atesore la mejor gastronomía de su gama (muy competida), ni el mejor programa de entretenimiento entre sus rivales de tamaño medio y lujo, pero el resultado en la balanza de calidad-precio es óptimo, como argumentan los repetidores de la naviera. No obstante, no hay que perder de vista que el viajero Azamara espera obviamente una buena experiencia global, pero es especialmente sensible con las rutas y las vivencias en tierra. Y es aquí donde la compañía alcanza sus mejores notas.


Pecharromán destaca las noches de inmersión en destino, como en Cuba, o junto la Torre del Oro en Sevilla, o en el carnaval de Rio de Janeiro; las rutas coincidentes con eventos locales, como la F1 en Mónaco; los imprescindibles AzAmazing o eventos especiales en puertos de escala solo para los pasajeros, como un recital de ópera en Kusadasi, escuchar a la orquesa sinfónica de San Petersburgo o disfrutar de una noche toscana en la campiña; o las experiencias únicas, como una velada en el museo Picasso cerrado en exclusiva para el grupo, o las excursiones privadas a la carta.

Destinos que se amplían
El fichaje del Pursuit, además, permite un crecimiento estratégico a la naviera, que echa el ancla con fuerza en Suramérica, donde permanecerá los meses de invierno, mientras que en verano la nave regresará a Europa. En los meses invernales su atractiva programación incluye la observación de estrellas en Atacama (Chile), recorrer la Casa Aliaga en Lima (Perú) y visitar los fiordos de Chile, así como Ushuaia, en Argentina. Expandir horizontes es otro de los retos de Azamara en la temporada 2019-2020, con destinos potentes como la Antartida y Suráfrica.

Las maderas nobles se combinan con piezas claras y tejidos luminosos para que el barco luzca contemporáneo pese a datar del 2001.

¿Qué compañeros de viaje pueden hallarse a bordo? Americanos y canadienses son unaconstante, aunque en las rutas europeas coincidan con ingleses, alemanes y un sinfín de nacionalidades. El viajero español no obstante encontrará menús en castellano y parte de la tripulación hablando su lengua.

El interés por los puertos españoles quedó también constatado en el debut del barco el pasado verano, que en agosto inició singladuras desde Barcelona, y también contó con escalas en Valencia y Cádiz. La próxima temporada cálida, aunque tendrá mayor presencia en los puertos italianos y griegos, realizará algunas salidas desde la capital catalana y escalas en puertos de Baleares, entre otros.

El Pursuit profundiza en las rutas suramericanas en invierno, mientras que en verano regresará al Mediterráneo, con algunas salidas desde Barcelona.

En cuanto a la edad de los viajeros, en general predomina el público maduro, aunque en los meses de verano es más fácil coincidir con alguna pareja que ronda los 40 años. No es un barco con vocación familiar porque no ha configurado ningún espacio específico para los más pequeños, aunque cuando viaja una familia a bordo se le dan facilidades logísticas, por ejemplo, tanto en la preparación de alimentos triturados para bebés, como en facilitar una consola Wii para el camarote. No obstante, la tranquilidad a bordo y el ambiente tranquilo apuntan claramente a un segmento adulto de viajeros, de nivel adquisitivo sobre todo medio-alto y alto, y donde es fácil relacionarse. Especialmente en las travesías más largas, de más de 10 días, resulta común acabar haciendo amigos entre los compañeros de viaje.

Capitán español al mando
El Pursuit cuenta con la ventaja añadida de que al mando figura el capitán Antonio F. Toledo, con una sólida trayectoria en compañías de cruceros y que hace más de cinco años se incorporó a Royal Caribbean y ha navegado para Pullmantur. Para este profesional, máster en Navegación y Transporte Marítimo por la Facultad de Ciencias Náuticas en Barcelona y Cadiz y que sirvió en la Armada Española, el Pursuit es “el buque perfecto, con un tamaño que permite acceder a todo tipo de puertos y mantener un contacto muy cercano con los huéspedes y la tripulación”.

La gastronomía discurre en torno a cinco propuestas: buffet, cocina internacional, steakhouse, mediterráneo y grill al aire libre.

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