Una semana a bordo del Explora II de Explora Journeys, navegando por islas griegas y recalando en Italia.
El Mediterráneo tiene una extraordinaria capacidad para sorprender incluso a quienes lo recorren con frecuencia. Siempre hay una nueva cala escondida, un puerto menos conocido o una luz diferente reflejándose sobre el mar. Mi reciente travesía a bordo de Explora II me recordó precisamente eso, que viajar por el Mediterráneo sigue siendo una experiencia capaz de emocionar cuando se combinan destinos cuidadosamente seleccionados, un barco excepcional y el tiempo necesario para disfrutar de ambos.
Durante siete noches, con embarque y desembarque en Atenas (El Pireo), navegamos por algunas de las islas más cautivadoras de Grecia antes de cruzar hacia la costa italiana de Apulia. El itinerario incluía escalas en Mikonos, Katapola (Amorgos), Pylos, Nidri y Bari, además de una jornada completa de navegación. Un recorrido que alternaba algunos de los paisajes más icónicos del Egeo con destinos menos conocidos y mucho más auténticos, muchos de ellos accesibles gracias a operaciones de fondeo que permitían al barco acercarse a enclaves donde los grandes buques rara vez pueden llegar.
Desde el primer momento quedó claro que Explora Journeys ha elegido un camino propio dentro del segmento del lujo. No apuesta por la grandiosidad ni por la ostentación. Su propuesta se basa en la elegancia contemporánea, el espacio, la conexión con el mar y una hospitalidad que fluye de forma natural. Todo gira en torno a un concepto que la compañía ha convertido en su seña de identidad, el Ocean State of Mind. Una forma de viajar que invita a bajar el ritmo, a disfrutar del trayecto y a dejar que sea el mar quien marque el compás de los días.
Nada más embarcar, el diseño de Explora II transmite esa filosofía. Los interiores son luminosos y serenos, dominados por materiales nobles, obras de arte cuidadosamente seleccionadas y una paleta de colores inspirada en el propio océano. Cada espacio parece concebido para favorecer el bienestar y la contemplación, evitando deliberadamente cualquier exceso.
Mi alojamiento durante la travesía fue una Ocean Penthouse, una suite que representa perfectamente el concepto residencial que caracteriza a la marca. Amplia, elegante y extraordinariamente confortable, se convirtió en un auténtico refugio privado. La terraza, generosa y perfectamente equipada, fue probablemente mi rincón favorito del barco. Allí comenzaban muchas mañanas, observando cómo se dibujaba en el horizonte la silueta de una nueva isla griega, y terminaban muchas noches contemplando únicamente la oscuridad del mar y el reflejo de las estrellas sobre el agua. Es difícil marcar también diferencias en el mobiliario de un balcón, pero Explora decidió incorporar una chaise longe donde puedes quedarte a vivir mirando al mar, he dicho bien, no es una tumbona es una mullida chaise longe.
La sensación de bienestar se ve perfectamente acompañada por un servicio sobresaliente. Hay compañías que aspiran a ofrecer un servicio impecable; Explora Journeys parece perseguir algo más complejo, que la atención resulte tan natural que apenas se perciba. La tripulación consigue anticiparse a las necesidades del huésped sin resultar nunca invasiva. Todo sucede con fluidez, desde el cuidado de la suite hasta la atención en los restaurantes o las zonas públicas. Es una hospitalidad elegante, discreta y profundamente profesional.
La gastronomía constituye otro de los pilares fundamentales de la experiencia. Explora II no busca impresionar por la cantidad de opciones, sino por la personalidad y calidad de cada una de ellas. A lo largo de la semana tuve la sensación de estar recorriendo distintos restaurantes de una gran capital gastronómica internacional sin abandonar el barco.
Fil Rouge, representa la esencia culinaria de Explora Journeys. Su propuesta internacional de inspiración francesa, destaca por la calidad del producto y una ejecución refinada que evita artificios innecesarios. Cada cena allí transmite una agradable sensación de sofisticación relajada.

En Med Yacht Club, el Mediterráneo se convierte en protagonista absoluto. Su carta rinde homenaje a las tradiciones culinarias de las costas que íbamos descubriendo durante el viaje, Grecia, Italia, España, Francia o el norte de África. Comer allí mientras navegábamos entre islas griegas añadía una dimensión especial a la experiencia, como si el propio itinerario continuara en la mesa.
Uno de los restaurantes que más me sorprendió fue Sakura. Su propuesta panasiática combina influencias japonesas, tailandesas y del sudeste asiático con una ejecución impecable. La calidad del sushi y sashimi es excelente, pero también destacan los platos calientes, llenos de matices, aromas y contrastes perfectamente equilibrados y todo ello con una cocina a la vista que adorna con sofisticación una velada muy agradable.
Para quienes disfrutan de la cocina basada en el producto, Marble & Co. Grill ofrece una experiencia igualmente memorable. Carnes seleccionadas, excelentes mariscos y una cuidada selección de vinos conforman una propuesta elegante y contemporánea que se ha convertido en una de las favoritas de muchos pasajeros.
Anthology lleva la experiencia gastronómica un paso más allá. Concebido como el restaurante más exclusivo del barco, ofrece menús degustación donde la creatividad y la alta cocina ocupan el papel protagonista. No pude disfrutarlo esta vez, pero me reservo para futuros Exploras, y van a ser muchos los que veremos llegar en los próximos años.
Incluso Emporium Marketplace, que podría identificarse como el buffet del barco, rompe completamente con los estándares habituales del sector. Sus múltiples estaciones culinarias ofrecen preparaciones realizadas al momento y una calidad que difícilmente encaja con la imagen tradicional asociada a este tipo de espacios.
Entre comidas, excursiones y momentos de descanso, el Ocean Wellness Spa se convirtió en uno de mis lugares favoritos. Amplio, elegante y perfectamente integrado en la filosofía del barco, ofrece zonas termales, sauna, tratamientos y espacios de relajación donde el tiempo parece detenerse.

Lo mismo ocurre con las boutiques de lujo, que en Explora II no son complementos, han sido cuidadosamente seleccionadas para aumentar la experiencia premium del viaje con una oferta de moda, bolsos, complementos, relojería y joyería a la altura del entorno, sin olvidar mis favoritos, los perfumes, tanto de diseñador como nicho.
Pero tan importante como el propio barco fueron los destinos
La primera escala fue Mikonos, una isla que ha conseguido mantener intacto su magnetismo a pesar de décadas de popularidad internacional. Sus calles encaladas, los balcones cubiertos de buganvillas, los molinos que dominan el horizonte y la intensa luz del Egeo continúan creando una de las estampas más reconocibles del Mediterráneo. Más allá de su imagen cosmopolita, sigue conservando rincones donde la esencia cicládica permanece intacta.
La llegada a Katapola, en la isla de Amorgos, ofreció un contraste fascinante. Aquí desaparecen las grandes concentraciones de visitantes para dar paso a una Grecia más auténtica y silenciosa. Las montañas parecen surgir directamente del mar, los pueblos blancos se aferran a las laderas y el tiempo transcurre con una lentitud casi olvidada. El barco fondeado, el paseo hasta algunas de las playas esmeralda o la visita al espectacular monasterio de Panagia Hozoviotissa, suspendido sobre un acantilado frente al azul infinito del Egeo y comer en una taberna griega, son solo alguno de los momentos del viaje. Pocos lugares transmiten de forma tan intensa la conexión histórica y espiritual entre los griegos y el mar.

La siguiente escala nos llevó a Pylos, en el Peloponeso. Elegante y tranquila, esta localidad posee una personalidad muy distinta a la de las islas griegas. Su hermosa plaza central, sombreada por árboles centenarios, invita a sentarse y observar la vida local sin prisas. Muy cerca se encuentra la bahía de Navarino, escenario de una de las batallas navales más decisivas de la historia europea. Es un lugar donde la belleza natural y el peso de la historia conviven de forma armoniosa.
Nidri, en la isla jónica de Lefkada, mostró otra cara completamente diferente de Grecia. Frente a los paisajes áridos de las Cícladas, aquí predominan las colinas verdes, la abundante vegetación y unas aguas de color turquesa que recuerdan más al Caribe que al Mediterráneo. En Nidri es recomendable navegar entre las pequeñas islas que salpican esta región ya que permite comprender por qué las Jónicas han fascinado durante siglos a navegantes y viajeros. Hay numerosas excursiones que hacen ese recorrido y que te llevan a calas increíbles donde bañarte plácidamente. Muy cerca de allí se encuentra la isla de Skorpios, y puedes ver el embarcadero privado, y la casita que Onasis regaló a Jackie en esa playa tan privada como la propia isla.
La única escala italiana del itinerario fue Bari, puerta de entrada a una de las regiones más interesantes de Italia. Desde allí nos dirigimos a Alberobello. Pocas veces un lugar responde tan fielmente a la imagen que uno tiene de él antes de llegar, la visité hace muchos años y tenía una imagen vaga en la mente. Los famosos trulli, con sus característicos tejados cónicos de piedra, crean un paisaje urbano único en el mundo. Pasear por sus calles es adentrarse en una historia de tradiciones centenarias, arquitectura popular y una identidad cultural profundamente arraigada. No es difícil entender por qué este singular conjunto fue reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Muchas de estas escalas se realizaron mediante fondeo, una característica que añadió un encanto especial al viaje. Ver Explora II anclado frente a la costa, perfectamente integrado en el paisaje, reforzaba la sensación de encontrarse a bordo de un barco diseñado para acercar a sus huéspedes a lugares auténticos y alejados de las rutas más transitadas.
Y después llegó el día de navegación. En otros cruceros, una jornada sin escalas puede percibirse como un simple intervalo entre puertos. En Explora II constituye una parte esencial de la experiencia. Fue el momento perfecto para disfrutar plenamente del barco, sin horarios ni compromisos. Desayunar contemplando el mar desde la terraza de la suite, recorrer las cubiertas exteriores prácticamente en silencio, relajarse en el spa, descubrir nuevos rincones gastronómicos o simplemente sentarse a observar el horizonte.
Fue precisamente entonces cuando comprendí el verdadero significado del Ocean State of Mind. No se trata únicamente de viajar con comodidad ni de disfrutar de un servicio excepcional. Se trata de recuperar una forma de viajar más consciente, más pausada y más conectada con el entorno. Una forma de recordar que el lujo no siempre consiste en hacer más cosas, sino en disponer del tiempo necesario para disfrutar plenamente de cada una de ellas.
Cuando regresamos a Atenas una semana después, me llevé el recuerdo de algunos de los paisajes más bellos del Mediterráneo, de una gastronomía sobresaliente y de un servicio impecable. Pero, sobre todo, me llevé la sensación de haber experimentado una manera diferente de navegar. Una propuesta donde el mar vuelve a ocupar el lugar central que siempre debió tener y donde cada escala, cada comida y cada momento a bordo forman parte de una experiencia coherente, elegante y profundamente inspiradora.
Sigue las noticias de cruceros en Cruisesnews.es


























