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CroisiEurope en el Mekong, navegando por el alma de Indochina

Hay ríos, y ríos. Cada uno con una personalidad diferente. Los hay melancólicos, vibrantes, indómitos. Poéticos, festivos, y pomposos. Y hay ríos, que solo mencionarlos provocan una cascada de emociones. El Mekong son palabras mayores. Uno de los destinos más “trendy”, en la lista de cruceros fluviales emergentes en Asia, nos ofrece una excitante gama de facetas completamente diferentes. Una experiencia de turismo fluvial irrepetible.

Reportaje perteneciente a la revista CruisesNews nº55 – Diciembre 2020

 

Sin ninguna duda, el Mekong es uno de los grandes ríos de Asia, y a su vez protagonista esencial en la historia, arte, economía e idiosincrasia de toda Indochina. Nace en el Himalaya, y durante 4.500 kilómetros atraviesa cinco países: Birmania, China, Laos, Thailandia, Camboya y Vietnam, para desembocar en el Mar de China. Durante años florecieron culturas, se desarrolló la vida en sus orillas, nacieron y murieron imperios. Tiñeron la historía de míticas historias, literatura y leyendas, y sobre todo se derramaron baños de sangre para su control.

El 2020, ha sido un año excepcionalmente funesto por la pandemia. Decenas de barcos han permanecido anclados, los aviones en las pistas, y medio mundo paralizado de miedo, por el avance vírico, que parece haber puesto en jaque a todo el sector turístico. Sin embargo, el verano ha supuesto un tímido punto de inflexión, al comenzar operaciones puntuales de algunos cruceros marítimos y fluviales, con exigentes protocolos anti covid, unos resultados alentadores, y escasos casos de contagio. 

Debido a su maniobrabilidad y tamaño, el Indochine II atraca allá donde otros barcos no pueden. 

La irrupción de las vacunas, hace vislumbrar la luz a final del tunel, para que todos nosotros comencemos a soñar, e intentar recuperar nuestro tiempo libre. Y el verano se presenta prometedor, con un mundo que ansía dosis infinitas de ocio. Siendo Camboya y Vietnam, países con escasa incidencia del virus, Asia un continente que está controlando la infección, es previsible que tengamos una situación parecida a una “nueva normalidad”. Con una mejora en el testeo de los pasajeros, más confianza en los vuelos de larga distancia, y la previsible caída de las restricciones de viaje entre continentes enteros, el Mekong se presenta más hermoso que nunca, y parece que es el momento, de que nos desquitemos de las restricciones.  

Entretenimiento con sabor local, completan el crucero hasta hacerlo casi perfecto e inolvidable.

Hoy, es un destino plagado de atractivos, que está motivando el interés de cruceristas fluviales, que buscan experiencias más exóticas y únicas, y a su vez, cada vez más navieras desean ofrecer destinos más inéditos. CroisiEurope, la naviera fluvial más grande de Europa ofrece uno de los programás de más calidad del mercado. Sus dos pequeñas y coquetas motonaves, surcan las esquinas más recónditas del río, en un atractivo y completo programa de 9 a 19 días, con dos puntos de partida. Siem Reap, o la populosa Ho Chi Minh, más popularmente conocida, incluso por sus habitantes, como Saigon. CroisiEurope comienza a interesarse en la zona, cuando en 2014 compra a la compañía local de cruceros fluviales Compagnie Fluviale du Mekong que operaba cinco barcos, de los que conserva la motonave de madera Indochine I de cuatro anclas, y desde 2017 con otra unidad de cinco anclas, llamada Indochine II.  

Navegando en el Indochine II
No se puede crear nada más hermoso y sexy a la vez, que el Indochine II. Con la clara intención de satisfacer las apetencias más exigentes de los pasajeros europeos, el barco es botado el 16 de septiembre de 2017, tras salir de un astillero Camboyano, al que asistieron celebridades locales, entre las que se encontraban miembros de la familia real Camboyana. Emulando las antiguas naves coloniales, que navegaban por el Mekong, es un guiño a la evocación de épocas, que todavía provocan fascinación en todos nosotros. Su delicioso casco azul cobalto, mezclado con elementos de madera natural, lo hace irresistible. En su interior, los elementos tradicionales se mezclan de forma virtuosa con un aire vanguardista, moderno y profundamente elegante. 

Camboya es un país budista, de una profunda espiritualidad. 

Dotado de todos los avances en medio ambiente, como emisiones bajísimas, incorpora los más modernos sistemas de navegación, como una eficiente propulsión de popa, lo que le garantiza una maniobrabilidad en cualquier esquina y lugar del río. Algo que lo hace muy versaltil en escalas con cierta complicación en el atraque. Mientras otras naves pasaban de largo, el Indochine II atracaba en el corazón de lo más recóndito del país, conviertiendo a las escalas, en algo tremendamente inmersivo, personal y único. 

En cuanto a capacidad, puede alojar a 62 pasajeros, alojados en 31 camarotes, en dos cubiertas de pasajeros decoradas también con maderas locales, motivos de la cultura, historia y vida en el Mekong están perfectamente climatizadas. Su almacenaje en la cabina, es especialmente destacado para un barco de este tamaño. Dispone de una maravillosa cama doble, convertida en dos singles, con lencería y colchones premium, que ofrecen un descanso increíblemente placentero. Gran pantalla plana,  permite disfrutar de películas en varios idiomas. El baño (separado el inodoro), es de tamaño aceptable, y la ducha es especialmente amplia. Todos los camarotes, disponen de caja fuerte, amenities de baño, y un pequeño balcón de 4 metros cuadrados. 

Angkor Wat fue durante la antigüedad, la ciudad más sofisticada, poderosa, hermosa y grande de casi todo el planeta. 

Las dimensiones de 18,5 m2 son notables, y en los camarotes 201, 202, 221 y 227, disponen de una terraza más amplia, de 6 metros cuadrados. En planta principal, nos encontramos con un restaurante moderno, y diáfano, con vistas perfectas a las orillas. Adicionalmente, la recepción, una pequeña tienda, y un mini salón de belleza en una cubierta inferior. Además una cuarta cubierta exterior, y que sería la más elevada. Dispone de un elegante salón social, decorado en tonos ceniza y amarillo, al igual que un pequeño bar. Es uno de los pocos barcos del Mekong, con una gran piscina y un amplio espacio decorado con plantas y mobiliario de estilo colonial, que es perfecto para desconectar en las calurosas tardes del Mekong. Además un bar, y puesto de café y té, abierto las 24 horas. 

Cada mercado es muy mundo delicioso de sabores, colores, y aromas indescifrables.

Deberíamos mencionar un par de detalles acerca de la gastronomía. En su pequeño restaurante se sirven desayuno, comida y cena. El desayuno y comida es tipo buffet. Toda la carga gastronómica está en manos de chefs, y servicio camboyano. Siempre con una sonrisa infinita, y amabilidad sin límites. Tanto el desayuno como el almuerzo es una mezcla de elementos camboyanos y europeos, siendo especialmente gastronomía francesa. Deliciosos croissants, o baguette, frutas camboyanas, ensaladas locales, y un par de platos calientes para elegir. Adicionalmente un puesto para huevos, pasta, noodles hechos por el chef, al momento. 

Emulando los antiguos barcos de linea franceses, la cena se sirve a golpe de gong.  Uno más de los detalles de este pequeño barco boutique. Hay dos sistemas de cena. Uno emplatado tradicional, con dos o tres elecciones de entrantes, primero y segundo, y postre. De forma alternativa, con orientación camboyana y francesa-europea. Y además, para facilitar la socialización de los participantes, a veces con platos para compartir, como en cualquiera de nuestras casas. Hay una bebida incluída con la cena.

El recorrido se complementa, con estancias en preciosos hoteles locales.

Si se comienza la ruta por el plato fuerte que es Siem Reap, una ciudad interior en Camboya, debemos prepararnos para quedar irremediablemente enamorados de la antigua ciudad de Angkor. Quizás uno de los iconos arqueológicos más destacados del planeta. No solo destacados, sino impresionantes y fascinantes. No hay palabras lo suficientemente hermosas, o precisas para definir tanta saturación estética.
No es un punto de partida demasiado fácil. Siem Reap no dispone de vuelos directos a Europa. Siempre hay que buscar un punto intermedio, que puede ser Hong Kong, Singapur, Saigón o la propia Bangkok. Y luego usar algunas de las compañías locales que vuelan al chiquito, pero modernísimo aeropuerto camboyano.

Las ruínas de Angkor
Esta pequeña ciudad de provincias, dulce, activa y provinciana, sería anónima, si el explorador Henri Mouhot, no hubiese descubierto, por casualidad, en medio de la selva los restos de la civilización más majestuosa de Asia. Había descubierto el epicentro de la Civilizacion Khmer (Jémer). Angkor era su esplendorosa capital. La experiencia de CroisiEurope nos permite disponer de tres días completos, con todo incluído. para poder explorar las magnas ruínas, en las que todavía quedan más de 900 estructuras, en unas dimensiones de más de millón y medio de metros cuadrados. Angkor Thom es la ciudad en sí, y Angkor Wat es el templo más famoso dentro de un sofisticado sistema de canales, que la hacía la civilización más sofisticada de toda Indochina. Y diría de Asia. 

El Mekong es la principal vía de comercio, de varios países asiáticos. 

Roma, Egipto, los Mayas, la civilización Khmer rivaliza con todas ellas, con mucha dignidad. Cuando nos encontramos en las puertas de la ciudad, la vemos fantástica, imponente, y sobre todo ampulosa y magnífica. Un mundo de filigranas en piedra, que nos parece una fascinante civilización alienígena. Lo más destacado, en cualquier visita serían: el Templo de Bayon. Un derroche decorativo sin igual, que es todo ornamento, y sinuosidad. Un enorme decorado, que parece de cartón piedra de una película de ciencia ficción, pero que representó uno de los centros de poder más enormes del planeta. El sueño del Rey Jayavarman VII; que destaca por sus 200 ciclópeos bustos, 11.000 figuras, 54 torres, y los pocos murales de vida cotidiana, de civilización Khmer que se conservan. 

Poco se puede decir del icono turístico, que es Angkor Wat, que  no se haya dicho. Se dice, que las puestas de sol más hermosas del mundo. Uno de los templos más extensos de Asia. Centro religioso del imperio, es un poema en piedra. Conservado y cuidado con todo mimo, por monjes budistas es un ejemplo pétreo de suntuosidad. En forma de loto, tiene patios interiores con estanques, y cinco imponentes torres. Pasadizos y edificios secundarios. No nos cuesta imaginar como era la vida en el poderoso imperio Khemer. Reyes, cortesanos, voluptuosas bailarinas, colores, telas, elefantes entrando, y poderosos ejércitos. Un poco más alejado el Templo de Banteay Sam, está dedicado a la deidad Visnú. Tampoco se ahorraron detalles decorativos para concluir esta pequeña joya. Su buen estado de conservación es francamente notable. 

La presencia de la comunidad china en China y Camboya, es muy destacada.

El punto más sorprendente es el Ta Prohm. En una perpétua pelea con las raíces, y los árboles que quieren recuperar su espacio, este templo nos produce un sensación inquietante. No en vano fue elegida por los creadores de Tom Raider, para que Lara Croft se pasease por sus ruínas. Nada se sabe, como ocurre con las grandes civilizaciones, de por qué la gran metropolis fue abandonada. Se dice que por la presión del cercano, y rival Reino de Siam, la ausencia de agua, pero también es cierto que por cierta superstición. Nunca fue fácil ganar espacio a la selva. Las raíces habían motivado que los habitantes de la ciudad, pensasen que eran castigo divino, por su arrogancia. 

Sea lo que sea, la deliciosa estancia en Siem Reap, en pensión completa se complementa con excepcionales restaurantes locales, algunos ciertamente lujosos, en donde se puede descansar de la agotadora jornada, con una cerveza local, y sobre todo deliciosas creaciones del país. 

El rio Mekong
El Indochine II atraca en el Lago Tonle; el más grande del país, y en donde el Mekong alcanza su anchura máxima. Sin embargo, en determinadas épocas, y por la cambiante meterología, el atraque debe efectuarse más al sur, donde hay más calado. Ningún problema. Su pequeño tamaño, además de permitirle maniobrar en todos los brazos y canales, atraca en lugares tan inesperados como una aldea local, con casas de madera. La tripulación está esperando con toallas frías, y un zumo para dar la bienvenida, a la cómoda nave fluvial. 

El Mekong durante varios cientos de kilómetros, nos puede parecer un lugar sereno. Orillas sin adulterar y alarmantemente tranquilo y escénico. Desde la cubierta superior, vemos el plácido transcurrir de la vida camboyana. 

Angkor Wat parece sacada de una civilización extraterreste, o un cuento oriental. 

Lo que hace único al Inochine II, es que en cada una de la escalas, nos hace participes en experiencias inmersivas de todas las facetas del país. No se trata de ser observadores, sino de participar en lo que significa el río. La primera escala suele ser, Kampong Chhnang, una activa ciudad ribereña, y como tal la prototípica localidad del Mekong. Orillas llenas de actividad, una vida provinciana deliciosa, y decenas de casas flotantes de madera, que tienen en el río su forma de vida. Es como una relación simbiótica de dependencia. Tras un paseo con embarcaciones autóctonas, se ofrece una incursión en el interior de la región, donde se visitan las comunidades locales. Gente con mirada serena. Lo niños se acercan, se hace cerámica como en otros tiempos, y se puede ver lo que es el “rural” vietnamita. 

Todo en el barco está orientado al confort del pasajero. Cocina selecta, buen servicio y decoración sofisticada hacen del Indochine II, un barco acogedor y delicioso. 

El Indochine II sigue navegando hacia el sur, y al amanecer aparece la fantástica pagoda de Kampong Tralach, al alcance de la mano. Una sucesión de carretas locales de bueyes, conducen a los pasajeros del barco por toda la localidad, hasta los campos de arroz, por embarrados caminos. Base de toda la economía y gastronomía del sudeste asiático, hasta la pagoda local, en donde un monje budista desgrana con cierta paciencia los principios básicos de la religión por excelencia de Indochina. El barco sigue navegando hasta Koh Chen, una pequeñisima aldea, y donde solo el Indochine II  puede atracar. Decenas de tiendas de artesanía local, se intercalan con casitas de madera abiertas, niños jugando, y gente pasando en bicicleta, o procedente de los campos de labor. La escuela local permanece abierta, para echar un vistazo. 

La populosa Phnom Penh espera, y en donde el barco pasará la noche. Bailarinas locales suben para representar un conjunto de danzas locales. La capital de Camboya, y la urbe más extensa del país, creció cuando fue el lugar elegido para trasladar la corte de Camboyana desde Angkor. Su Palacio Real, residencia del actual rey es la pieza central de la zona colonial, en donde todavía están presentes alguna muestras de arquitectura francesa, en su paso por Indochina. Es uno de los palacios reales más hermosos de Asia. Aunque pretende emular al de Bangkok, con su profusión de elementos dorados, techos con filigranas, y a pesar de la famosa Pagoda de Plata, es mucho más discreto.

Saigon no para de crecer. Su ritmo de crecimiento es vertiginoso. 

Pero si pensamos en Camboya, tristes imágenes de intolerancia nos vienen al recuerdo. Los camboyanos son quizás el pueblo más sufrido del mundo, en sus caras  siempre hay una sonrisa triste. La dulce y pequeña Camboya fue blanco fácil de las rivalidades regionales. Guerra Civil, régimen de terror de Pol Pot entre 1975 y 1979 que supuso el genocidio de casi la cuarta parte de la población, hicieron que la gente haya pasado página, y mire al futuro. Phnom Penh,  a la sombra del vertiginoso crecimiento de la vecina Saigón, no quiere quedarse atrás en el renacer económico de Asia. Con una febril actividad económica y mercantil, todo es actividad constructiva. Sin embargo, las huellas del horror siguen presente en la visita de la Escuela Tuol Sway Prey, uno de los centros de tortura más horrendos del régimen. 

El Indochine II zarpa al atardecer, dejando a un lado el skyline de una capital cada vez más moderna, en donde ya despuntan gran cantidad de enormes rascacielos, algo muy alejado del régimen estatalista, que dominó el país hasta finales de los noventa. La motonave penetra en aguas vietnamitas, y el río va haciéndose más grande. Si el arroz es una parte integral de la economía local, no menos lo es la piscicultura que sigue desarrollándose sobre barcazas factorías, sobre todo en Chau Doc. La Pagoda de Tay An y el Templo de Ba Chua Xu, son unos de los lugares de peregrinación más famosos del país, y donde decenas de personas, a diario, acuden a rendir homenaje a las deidades locales. 

CroisiEurope sigue exprimiendo todas las “caras” de la vida ribereña, y no se puede concebir el Mekong sin visitar un mercado. El pueblo vietnamita es todavía netamente rural; no hay grandes tiendas en las riveras del Mekong, y el río es un canal conductor para transportar la comida de un punto a otro. Es imposible comprender al vietnam rural, sin sumergirnos en sus mercados como el de Sa Dec. Quizás uno de los más grandes del mundo. Calles y calles, puestos y puestos, y todo tipo de mercancías. La plasticidad de sus colores es notable. Es algo agotador, pero a la vez estimulante contemplar tantos y tantos productos, la mitad de ellos desconocidos. La experiencia inmersiva sigue con las visitas en embarcaciones locales a fábricas de ladrillo, arroz inflado del que se saca un curioso turrón de arroz, y por supuesto licores. 

El plato principal de todo el recorrido son las formidables ruínas de Angkor Wat.

El barco, antes de meterse por el estrecho canal de Chao Gao en dirección a Ho Chi Minh (Saigón), en donde parece que el barco lame las orillas a su paso, incursiona todavía más en otras facetas gastromercantiles de la zona. En My Tho, se visita una granja de apicultura, con degustación de frutas locales, y té con miel, y se completa con un maravilloso paseo en típicos sampans vietnamitas por pequeños canales, rodeados de vegetación. Igual que la aldea lo lleva haciendo desde hace cientos de años. 

La vibrante y cosmopolita Saigón, la gran urbe del sur de Indochina es el punto final del crucero. El conflicto bélico de Vietnam asoló el país. Decenas de pueblos atacaron Vietnam, y sus habitantes hacen gala de su carácter indómito. Y eso los hace muy orgullosos, y humildes a la vez. Han cerrado la persiana a su pasado, aunque el Palacio de la Reunificación, y los Túneles de Cu Chi sigan siendo uno de los lugares de exaltación bélica local. Aunque tengamos en mente la escena del último helicóptero americano saliendo de la Terraza del Palacio de la Reunificación, y dejando a Vietnam del Sur a su suerte, Saigon, como le siguen llamado los locales, y aunque irrite a Hanoi, es una avanzadilla de occidente. Y crece rápido, muy rápido.

Cierto es que el comunismo en Vietnam, a pesar de seguir siendo un país de partido único, es una carrera desenfrenada hacia el capitalismo más actual. Si los edificios coloniales franceses como la Catedral, el Edificio de Correos, eran el símbolo de la ciudad, ahora un skyline de enormes rascacielos financieros han cambiado la fisonomía de la ciudad en muy pocos años. El barco duerme en Saigón,  el plantel de actividades son variadísimas. Barrios de los artesanos, Mercado de Ben Thanh (uno de los más grandes del país), Museo Nacional, o la coqueta Pagoda Thien Hau. Todo ello con el despliegue constante del tradicional enjambre de motos, que son esenciales para trasladarse de un punto a otro, de la inmensa ciudad.

Rutas y salidas
La compañía CroisiEurope nos ofrece salidas desde agosto hasta abril (y alguna salida especial fuera de estos meses). Recordar que la época baja en Indochina corresponde a los meses de julio agosto y parte de septiembre. Son meses muy calurosos y con lluvias. Aunque hay que recordar que el concepto de lluvia es totalmente diferente al de nuestro país. El sol brilla todos los días y las lluvias son cortas e intensas sobre todo por la tarde. Como había dicho en un principio, las salidas se hacen desde Siem Reap a Ho Chi Minh (Saigón), o viceversa con el Indochine I y II, y cuentan con un par de días de estancia en ambos puntos pre o post crucero según corresponda. 

El Indochine II combina de forma magistral diseño moderno y aires coloniales franceses.

Así las duraciones suelen ir desde los 9, 11, hasta los 19 días, con extensiones aéreas a otros puntos de Vietnam. Se puede visitar la maravillosa ciudad imperial de Hue, los artesanos del delicioso pueblo chino de Hoi Am, en la mitad del país, y además uno de los lugares más privilegiados del planeta como la Bahía del Halong. Cantada por poetas y objeto de cientos de leyendas, este maravilloso fenómeno geológico parece una enorme reino mágico saliendo de las aguas. Las enormes colinas acuáticas semejan a dragones dormidos. Por supuesto, la capital de Vietnam, Hanoi está incluída en esta extensión.

Lo que hace que sea un producto tremendamente competitivo, porque incluye prácticamente todo. Comidas, bebidas a bordo, excursiones, comidas en  restaurantes locales. Hoteles en las estancias pre y post cruceros, y además paquete aéreo en las extensiones en Vietnam. Se incluyen cosas como tasas, seguro de asistencia, animación, guías locales y acompañante en las escalas y, como he dicho, pensión completa. Una de las experiencias fluviales más atractivas para este verano y quizás la experiencia por excelencia para cualquier viajero que quiera ver una zona excitante con toda la comodidad que CroisiEurope es capaz de ofrecer. 

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