Hay momentos en los que uno siente que está asistiendo a un pequeño capítulo de la historia de los cruceros. Eso fue exactamente lo que experimenté al embarcar en el Legend of the Seas, el nuevo buque de Royal Caribbean, durante su viaje inaugural.
Después de casi tres décadas recorriendo barcos de todas las categorías, desde pequeños buques de expedición hasta algunos de los mayores cruceros jamás construidos, reconozco que resulta cada vez más difícil dejarse sorprender. La industria evoluciona a un ritmo vertiginoso y sin embargo, muchas veces las novedades son el resultado de pequeñas mejoras sobre conceptos ya conocidos.
Con el Legend of the Seas ocurre exactamente lo contrario. Desde el primer momento queda claro que Royal Caribbean no se ha limitado a construir un barco más grande o más moderno. Ha vuelto a replantearse cómo debe ser la experiencia vacacional del siglo XXI.
No podía haberse elegido un lugar mejor que Málaga para presentar oficialmente el nuevo barco en Europa. La ciudad vive desde hace años una auténtica transformación como destino de cruceros y el puerto se ha convertido en uno de los más importantes del Mediterráneo occidental. Por eso ver atracado allí al nuevo Legend of the Seas tenía un significado especial.
El ambiente durante toda la jornada era de auténtica celebración. Periodistas, agentes de viajes, autoridades, invitados internacionales y numerosos curiosos se acercaban al puerto para contemplar un barco cuya silueta domina por completo el horizonte.
Cuando cayó la noche llegó uno de los momentos más emocionantes del viaje. Un espectacular espectáculo de fuegos artificiales iluminó el cielo de Málaga mientras el Legend of the Seas permanecía atracado junto a la terminal. No era únicamente una ceremonia inaugural, era la puesta de largo de un barco destinado a convertirse en una nueva referencia dentro de la industria.
Incluso antes de embarcar resulta difícil hacerse una idea de su verdadera escala. Con cerca de 365 metros de eslora, alrededor de 250.800 toneladas de registro bruto y capacidad para más de 7.000 pasajeros, hablamos del tópico de una auténtica ciudad flotante, pero es que literalmente lo es.
Pero lo realmente sorprendente es que esas cifras desaparecen en cuanto uno comienza a recorrer el barco. Nunca se tiene la sensación de estar rodeado por miles de personas y ese es probablemente uno de los mayores logros del diseño de la clase Icon, un barco pensado para que nunca parezca masificado
Royal Caribbean lleva años perfeccionando la distribución de sus espacios para evitar las aglomeraciones. En lugar de concentrar toda la actividad en una gran cubierta central, el barco está organizado en ocho grandes «neighborhoods» o barrios, cada uno con una personalidad completamente diferente.
Es un concepto urbanístico llevado al mar. Cada espacio invita a un tipo distinto de experiencia. Hay zonas pensadas para el descanso, otras para las familias, algunas para quienes buscan adrenalina y otras simplemente para sentarse con una copa mientras se contempla el océano. El resultado es que el flujo de pasajeros se reparte de forma natural. Es una solución sencilla en apariencia, pero enormemente eficaz.
La innovación está en los detalles y en muchas ocasiones hablamos de innovación pensando únicamente en nuevas tecnologías. sin embargo, el verdadero avance del Legend of the Seas está en multitud de pequeños detalles que el pasajero apenas percibe conscientemente.
Los recorridos son intuitivos, la iluminación cambia según el momento del día y las vistas al mar aparecen constantemente gracias a enormes superficies acristaladas. La sensación es de amplitud permanente, incluso los techos parecen más altos que en otros barcos, todo está pensado para que el espacio «respire».
Uno de los elementos más fotografiados del barco es, sin duda The Pearl. Podría definirse como una enorme escultura situada junto a la Royal Promenade, pero hacerlo sería quedarse muy corto. Se trata de una impresionante estructura arquitectónica formada por miles de piezas metálicas que cambia completamente de aspecto dependiendo de la luz y del lugar desde donde se observe. Es uno de esos espacios donde inevitablemente todo el mundo termina haciéndose una fotografía. Sin embargo además de su función estética, actúa como un auténtico punto de encuentro y de conexión entre distintas áreas del barco demostrando una vez más que diseño y funcionalidad van de la mano.
Si tuviera que elegir uno de los lugares donde más tiempo pasé durante el viaje, probablemente sería Central Park. Resulta difícil explicar la sensación de caminar entre miles de plantas naturales, hasta 30.000, mientras el barco navega por el Mediterráneo. El sonido del agua, la vegetación, los restaurantes,las terrazas, la música en directo al caer la tarde, todo contribuye a olvidar por momentos que nos encontramos en medio del mar. Es probablemente uno de los espacios más elegantes jamás diseñados en un crucero y también uno de los más tranquilos. Aquí desaparece por completo la imagen tradicional del gran barco lleno de ruido y actividad constante.
Otro aspecto que me llamó la atención fue comprobar hasta qué punto la tecnología se integra de forma casi invisible, no hay artificios, no pretende impresionar, simplemente hace que todo funcione mejor. Desde el proceso de embarque hasta la localización de actividades mediante la aplicación móvil, pasando por la apertura de camarotes, la gestión de reservas o la organización de los espectáculos, todo parece fluir con absoluta naturalidad. Es esa tecnología que apenas se nota precisamente porque está bien diseñada.
El lujo de sorprender
Quizá esa sea la palabra que mejor define al Legend of the Seas, sorprender no únicamente por su tamaño, ni por la inversión tecnológica, ni siquiera por la espectacularidad de algunos de sus espacios, lo hace porque consigue despertar constantemente la curiosidad. Siempre hay un rincón nuevo por descubrir, un detalle arquitectónico, una terraza, una vista inesperada, una obra de arte, una experiencia distinta y eso no es fácil en un barco de estas dimensiones.
Si durante las primeras horas pensé que ya había visto lo más impresionante del barco, estaba completamente equivocada, porque todavía quedaban por descubrir el AquaDome, los espectáculos del AquaTheater, las producciones del teatro principal, las acrobacias sobre hielo de Absolute Zero, los barrios familiares, las zonas de aventura y una propuesta gastronómica que por sí sola justificaría otro viaje, pero eso merece un capítulo aparte. Porque si algo terminó confirmando este viaje es que Royal Caribbean continúa marcando el ritmo de la innovación en la industria de los cruceros y el Legend of the Seas es, probablemente, la mejor prueba de ello. Continuará……..

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