Quantum of the Seas, un crucero casi de ciencia ficción

CruisesNews vivió la inauguración del barco más revolucionario del 2014 en Southampton (Reino Unido). Esta vez Royal Caribbean no contrataca con tamaños récord, sino con sorprendentes alardes técnicos y de diseño a bordo. El más difícil todavía marca esta nueva familia de buques.

Cuando en el 2009 fue presentado en sociedad el monumental Oasis of the Seas todo el sector se preguntaba qué podía ir después. ¿Era posible construir un crucero superior a las 225.000 toneladas y de hasta más de 6.000 pasajeros? ¿Era sostenible económicamente? ¿Era lo que estaba esperando el usuario? Han tenido que pasar cinco años para responder con hechos a esa pregunta. La carrera ya no es hacia el récord de volumen y de viajeros a bordo. Es hacia el futuro que empieza dibujar el nuevo Quantum of the Seas de Royal Caribbean. Bienvenidos a la radiografía de un barco popular, pero revolucionario en entretenimiento y tecnología. De imprescindible visita para quienes hacen del buque un destino en sí mismo, y para los adictos a las innovaciones en alta mar. Un barco tan moderno que, por el contrario, puede encajar menos en los cruceristas más clásicos, que para todo prefieren ayuda personalizada, que se deleitan con navegar en calma más que con el entretenimiento a bordo o que gustan de las cenas con pompa de los tradicionales turnos preestablecidos.

El signo digital, telemático o domótico es uno de los elementos que, siendo no del todo visibles a simple vista, más sorprenden del Quantum. Su debut en Southampton el pasado octubre ya fue un alarde, sin contratiempos, de la filosofía ‘smart’ que pretende abanderar la naviera. Y es que aunque no tan grande como la familia Oasis, el nuevo crucero tiene un registro bruto de 167.800 toneladas, 348 metros de eslora, 41 de manga y 8,5 de calado, con capacidad para hasta 4.905 pasajeros, lo que lo convierten en cualquier caso en el estreno de mayor tamaño del año. El check in online realizado desde casa se salda con un embarque exprés en menos de 10 minutos y sin pasar por mostrador alguno si el viajero así lo quiere y con seguimiento del estado de su equipaje a través de su Smartphone gracias a la tecnología RFID. Empieza de ese modo una inmersión en una nueva generación en navegación donde casi todo es posible con un click.

 

Tabletas para la tripulación

Esa sensación la transmiten desde los tripulantes provistos de tabletas con toda suerte de aplicaciones y servicios, que permiten hacer un seguimiento de las preferencias y exigencias de cada viajero, hasta el mayor ancho de banda en alta mar (con conexiones tan rápidas como en tierra) y la posibilidad de realizar reservas en actividades y restaurantes con toda comodidad. Esto se logra con la aplicación ‘cruise planner’, activa ya antes de iniciar la ruta, y con Royal iQ descargable en las estaciones IQ del barco, para estar al tanto de todo el calendario de sus vacaciones en el mar. La guinda la ponen las pulseras Wowband, que en el día a día sustituyen a la tarjeta-llave o sea pass, a la hora de hacer compras a bordo o acceder al camarote. Obviamente, dichas habitaciones mantienen el mismo nivel, con enchufes USB, iluminación eficiente y otros detalles. Una luz que también se apoya en la sostenibilidad, con leds o fluorescentes de bajo consumo que relevan a bombillas incandescentes y sensores de movimiento en los vestíbulos.

Una vez a bordo del Quantum of the Seas, el viajero habitual de Royal Caribbean notará bastantes cambios, pero manteniendo esa sensación de fluidez y de una relativamente fácil orientación en sus buques. Las 16 cubiertas y otros tantos ascensores se recorren con confort, y especialmente se agradece la amplitud de sus pasillos y accesos. Hay una buena distribución de reclamos y atractivos aquí y allá, aunque la popa sea especialmente sugerente por albergar el impresionante espacio Two 70º, una sala de varios niveles (casi tres cubiertas) con vistas panorámicas de 270 grados desde enormes ventanales, que con las persianas cerradas se convierte en una gran pantalla de proyecciones y montajes. Recuerda, en versión gigante, a un bar o club de Estados Unidos, donde todo el día hay ambiente y público tomando algo, disfrutando de las vistas y leyendo en pleno solaz. Lo complementa una de las opciones gastronómicas más interesantes a bordo: un café del mismo nombre donde consumir en plan self service ensaladas personalizadas, bocadillos, spas y demás, o con la opción de pedir ser servido en mesas. Comida sana y bien presentada. Destaca su interiorismo fresco y natural, que recuerda a uno de los espacios bio que proliferan en las grandes urbes.

Siguiendo con las grandes novedades, hay que entrar de lleno en los elementos de divertimento. Y sin duda The North Star es una de ellas. Esta pequeña cápsula de vidrio, que de lejos recuerda estéticamente a una grúa, se levanta con su gran brazo a más de 90 metros de altura sobre el mar para ofrecer una nueva perspectiva del horizonte y del propio buque. Se eleva con elegancia y firmeza, de forma que es una atracción válida para todos los públicos, aunque depende de la meteorología. También hay otra forma de elevarse a bordo, mucho más vertiginosa y que responde al nombre de RipCord by iFly. Supuestamente proporciona la sensación de estar haciendo paracaidismo en un entorno controlado. En la práctica es como una gran jaula transparente donde los chorros de aire a los pies hacen volar a cualquiera que se incline horizontalmente. El prodigio, que precisa de un equipamiento completo, casco incluido, proporcionado por sus operarios, se utiliza con ayuda de un monitor que da unas pautas técnicas antes de flotar con el pasajero. Una experiencia que está arrasando y que, como cualquier otra a bordo, se traduce en un reportaje de fotografías digitales que el viajero puede localizar con facilidad en el centro fotográfico de rigor, donde eso sí, ya no se exponen en papel sino en grandes pantallas donde pueden ser seleccionas en el formato que se desee.

El Quantum fascinará a quienes hacen del barco un destino en sí mismo y adoran la innovación y la tecnología, pero supondrá un reto para los cruceristas más clásicos y que prefieren las gestiones a bordo siempre personalizas.

Trapecio y autos de choque

El capítulo de novedades pasa también por la cubierta 15, donde cobra vida el espacio de actividades físicas más grande en un barco, el SeaPlex, destinado al entretenimiento a todas horas. Se trata de una gran área polivalente donde lo mismo se recrea una escuela de circo con trapecio, que una cancha de baloncesto de tamaño real… Aunque lo más espectacular es verla convertida al anochecer en pista de patinaje y de coloridos autos de choque. La zona lúdica se completa con propuestas ya consolidadas en otros buques de la flota, como la sala de juegos Challenger’s Arcade o el Flowrider para surfear a pequeña escala en su piscina de olas. Una cubierta por debajo, nos encontramos otro clásico, el gran buffet Windjammer, ahora rematado con el nombre de Marketplace, que da un giro de tuerca a la oferta self service, con islas mejor distribuidas, propuestas gastronómicas de todo el mundo, una estética más actual, obrador con panadería y The Grill, abierto ni más ni menos que las 24 horas.

La gastronomía es precisamente uno de los aspectos más valorados a la hora de elegir  un crucero y sobre los que Royal Caribbean ha sido más atrevido a la hora de alumbrar esta nueva serie. Con el nombre de Dinamic Dining se alude a una nueva forma de planificar las comidas y cenas a bordo. Ofrecen 18 restaurantes donde elegir sabores de los cinco continentes. No obstante, lo importante no es el número sino el modus operandi. La naviera ya había profundizado en el My Time Dining que rompía con el doble horario rígido de las cenas en restaurantes principales (sin cargo). Y ahora va más allá abriendo a la reserva libre cualquier espacio culinario. El viajero decide dónde, cómo y con quién cenar, rompiendo con las mesas grandes impuestas. Un movimiento que da mucha más autonomía y libertad para el público, aunque puede resultar un poco complicado para el de más edad, o el que busca hacer amistades a la hora de los ágapes o al que quiere simplicidad y una rutina fija.

El check in online realizado desde casa se salda con un embarque exprés en menos de 10 minutos y sin pasar por mostrador alguno si el viajero así lo quiere y con seguimiento del estado de su equipaje a través de su Smartphone gracias a la tecnología RFID.

¿Dónde cenar? 

Y la elección de comedor no es menor. Para empezar, hay cinco restaurantes sin cargo con ambientes y sabores muy distintos. Tuvimos ocasión de probar el Silk, inspirado en el lejano oriente y donde confluyen recetas chinas, japonés y de otros países, bien resueltas y con detalles muy remarcables, como las mesas redondas para compartir veladas familiares o con amigos y con plataforma giratoria para los platos, que favorece la degustación. Como el resto de salones, son más grandes de lo que se espera de un comedor de especialidades, pero hay que comprender que sustituyen a los megarestaurantes a lo Titanic que durante tantos años han caracterizado a los grandes cruceros.

Rematan esas opciones (casi todas en los puentes 3 y 4, zona popa) el American Icon Grill, basado en platos regionales de EEUU; el Chic, donde se potencia la alta cocina contemporánea y los ingredientes frescos, un espacio además relajante en el que se puede tener una agradable cena íntima o juntar mesas hasta configurarlas para grupos. También The Grande, para los que buscan un punto más clásico con platos atemporales y noches más formales, y por último Coastal Kitchen, que se ubica en el 14 y de acceso limitado a los viajeros de las suites, con sabores mediterráneos.

Tras todo este despliegue sin coste añadido al pasaje, se abre el abanico de especialidades de rigor, donde por un promedio de 25 dólares o con un cargo por plato se marca cierta exclusividad de tamaño y acceso. La baza estrella es contar con el primer Jamie’s Italian en alta mar, bajo la batuta de uno de los chefs gurús de Reino Unido, Jamie Oliver. Sus platos italianos rústicos, con ingredientes de temporada, se sirven en un espacio muy abierto e informal, donde hasta el vino se puede servir de las típicas garrafas. Los sibaritas han de descubrir Wonderland, el espacio creativo de los chefs de la naviera, donde la imaginación se salda con platos casi artísticos y muchas sorpresas en sabor y montaje. En Michael’s Genuine Pub uno encuentra un gastropub  de platos sencillos y sabrosos y buenas cervezas; mientras que en Devinly Decadence (en el Solarium Bistro del puente 14 y  bajo el impresionante gimnasio) los platos se caracterizan por no superar las 500 calorías. Sin olvidar en la cubierta 5 y zona central, incombustibles propuestas como el Chops Grille especializado en carnes y que no pierde potencia con su renovada carta, el japonés Izumi y el elegante Chef’s Table. Los responsables de Royal Caribbean calculan que el porcentaje de clientes de restaurantes de especialidades se eleve al 20%.

Un mar de sabores que no olvida los espacios siempre abiertos para un bocado más rápido, del Johnny Rockets y sus burguers a la pizza de Sorrento’s, o los tentempiés de Café Promenade, entre otros.

Y como tan importante como la gastronomía son las lucrativas barras de bar, el Quantum saca partido estético a sus nuevas Pool Bar y Sky Bar, ante la espectacular área central de piscinas, también el tradicional y siempre concurrido Schooner Bar, la animada zona con banda sonora latina de Bolero’s, el exitoso bar de vinos Vintage –donde es posible servirse dosis de cata en máquinas dispensadoras- y las salas dedicadas a clientes muy fieles o de suites (como Diamond Club), entre otras. Pero si uno busca el elemento diferenciador, sin duda ha de planear un trago en el futurista Bionic Bar, donde dos robots ejecutan con precisión los tragos que se les ordena mediante tablets. La estampa se produce en plena Royal Esplanade, el epicentro del trajín del viajero cuando en plena navegación tiendas y cafeterías son un hervidero. Esta zona vital, luminosa, muy atractiva, distribuida en dos puentes y con vistas desde el 5, aglutinan también los modernos espacios de consulta presencial para futuros cruceristas, para excursiones y para atención al viajero. Esta última es una de las que más llaman la atención, porque supone un cambio de concepto radical respecto a los buques tradicionales.

Ya no encontramos una recepción al uso, sino distintos pequeños mostradores de diseño distribuidos en un mismo ambiente, y donde se atiende más íntimamente al cliente. Aunque la afluencia también es menor, porque infinidad de gestiones se realizan telemáticamente si uno así lo desea.

Las atracciones más innovadoras son el The North Star, una cúpula panorámica para elevarse a 90 metros de altura y contemplar el horizonte, y el iFly que permite flotar en el aire como si se estuviera haciendo paracaidismo, además de la pista polivalente Sea Plex.

La visita intensiva al buque también sirvió para constatar que el entretenimiento nocturno (gratuito) es otra pieza clave de esta nueva propuesta. El Royal Theater ofrece musicales de primer nivel, como la versión íntegra de Mamma Mia! de más de dos horas con una puesta en escena digna de Broadway, mientras que el mencionado Two 70º se transforma en un espacio capaz de albergar sorprendentes producciones como el Starwater, un espectáculo con vídeo mapping y muchos efectos especiales con ayuda de 18 proyectores, seis Roboscreens o pantallas robot, bailarines, acróbatas… que también funciona como gran discoteca panorámica. Pero una de las novedades que mejor acogida tuvo en el debut fue el llamado Music Hall, donde se alterna música en vivo y dj’s. Lo mejor de este espacio de dos niveles es que se convierte en una sala de conciertos en toda regla, en la que destacan los tributos a las bandas de todas las épocas, sin que falten los Beatles y Bee Gees. La gran sala hace olvidar por completo que uno se encuentra a bordo de un gran crucero.

Lo mismo sucede cuando el pasajero deja a un lado la vida en espacios comunes (con algunos rincones tan bellos como la magnífica piscina solarium rodeada de jardín en la proa, y muchos guiños al arte, como el oso de nueve metros de Lawrence Argent), para disfrutar de su propio territorio: el camarote. La selección del tipo de alojamiento (un 9% más amplio que en la clase Oasis) bien valdrá una buena asesoría por parte de agentes especializados. Y es que además de los 1.571 que cuentan con balcón, el Quantum debuta con los nunca vistos camarotes interiores de balcón virtual, donde se ofrecen vistas en tiempo real del océano y de los destinos, con ayuda de siete cámaras que recogen distintos ángulos de visión, detallan sus responsables. El efecto es singular y obviamente no suple el poder de la visión exterior real, pero sí es un incentivo para el alojamiento más económico. 16 camarotes familiares para grupos y una docena de studios exteriores y 16 interiores atienden las necesidades de los viajeros individuales.

Entre las estancias exteriores, todo un mundo a medida de la capacidad adquisitiva del viajero. Aunque incluso el balcón estándar destaca por la amplitud general del camarote, mucho mueble de almacenaje, baño generoso y con buenos acabados (sin ninguna amenity de baño, lamentablemente), con presupuestos más holgados hay una amplia variedad de opciones de la junior suite a los impresionantes lofts de diseño panorámicos y las supersuites que se exhibieron en las cubiertas 11 y 12. Interiorismo de lujo para un buque popular donde cada uno puede modelar su estancia.

Los puertos españoles de Cartagena, Palma de Mallorca y Barcelona tendrán ocasión de conocerlo en vivo cuando recalará el próximo mayo, en ruta a la vuelta el mundo que se comercializa en distintas etapas y que acabará en China.

El nuevo hijo pródigo de Royal Caribbean deja atrás más de tres años de diseño y planificación, pero con el acelerador puesto para los nuevos hermanos de esta nueva serie. El Anthem of the Seas estará listo la próxima primavera, mientras que el Ovation of the Seas se presentará en otoño del 2016, todos ellos de factura en los astilleros alemanes Meyer Werft de Papenburg. La inversión inicial de 700 millones de dólares en el 2013 se ha engordado hasta los 1.200 en el año que acaba y en el 2015, y alcanzará los 2.100 en el 2016. Una espiral productiva que supondrá un incremento anual de capacidad del 4% entre el 2012 y el 2017.

De momento, el Quantum está realizando la temporada de invierno con salidas desde Nueva York hacia el Caribe, en rutas de siete y doce noches hasta finales de abril. Se combinan itinerarios de una semana a Bahamas, y algo más largos tanto al Caribe oriental como al sur. Pero también habrá oportunidad de volver a verlo en Europa en primavera, ya que el 2 de mayo iniciará un largo periplo de 57 noches, el Quantum Global Odissey, de Nueva York a Shanghái, pero comercializado también en seis tramos menores. El primero, transoceánico, le llevará en 11 noches hasta Europa, con escalas en Cartagena y Palma de Mallorca. Mientras que el 13 de mayo abrirá otra singladura desde Barcelona hasta Dubai, antes de seguir rumbo a India, sudeste asiático y, por fin, China, donde establecerá temporalmente su puerto base.

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